viernes, 1 de marzo de 2013

FABULAS



FABULAS





Una fábula es una forma literaria que consta de un 

texto o narración cuyo contenido es ficticio y que tras

 su final deja una moraleja o enseñanza. Por lo 

general, una fábula presenta como personajes a 

objetos y animales, lo que permite obtener una mayor 

empatía y cercanía con los niños, a quienes se 

encuentran generalmente dirigidas las fábulas.



DISFRUTA DE ESTAS FABULAS


La liebre y la tortuga


En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa, porque ante todos decía que era la más veloz. Por eso, constantemente se reía de la lenta tortuga.-¡Miren la tortuga! ¡Eh, tortuga, no corras tanto que te vas a cansar de ir tan de prisa! -decía la liebre riéndose de la tortuga.
Un día, conversando entre ellas, a la tortuga se le ocurrió de pronto hacerle una rara apuesta a la liebre.
-Estoy segura de poder ganarte una carrera -le dijo.
-¿A mí? -preguntó, asombrada, la liebre.
-Pues sí, a ti. Pongamos nuestra apuesta en aquella piedra y veamos quién gana la carrera.
La liebre, muy divertida, aceptó.
Todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. Se señaló cuál iba a ser el camino y la llegada. Una vez estuvo listo, comenzó la carrera entre grandes aplausos.
Confiada en su ligereza, la liebre dejó partir a la tortuga y se quedó remoloneando. ¡Vaya si le sobraba el tiempo para ganarle a tan lerda criatura!
Luego, empezó a correr, corría veloz como el viento mientras la tortuga iba despacio, pero, eso sí, sin parar. Enseguida, la liebre se adelantó muchísimo.Se detuvo al lado del camino y se sentó a descansar.
Cuando la tortuga pasó por su lado, la liebre aprovechó para burlarse de ella una vez más. Le dejó ventaja y nuevamente emprendió su veloz marcha.
Varias veces repitió lo mismo, pero, a pesar de sus risas, la tortuga siguió caminando sin detenerse. Confiada en su velocidad, la liebre se tumbó bajo un árbol y ahí se quedó dormida.
Mientras tanto, pasito a pasito, y tan ligero como pudo, la tortuga siguió su camino hasta llegar a la meta. Cuando la liebre se despertó, corrió con todas sus fuerzas pero ya era demasiado tarde, la tortuga había ganado la carrera.
Aquel día fue muy triste para la liebre y aprendió una lección que no olvidaría jamás: No hay que burlarse jamás de los demás. También de esto debemos aprender que la pereza y el exceso de confianza pueden hacernos no alcanzar nuestros objetivos.

LA LIEBRE Y LA TORTUGA






El zorro y el cuervo 




Con sus negros y legañosos ojos, el cuervo observaba al zorro que se hallaba en el suelo, allá abajo. Lo miró saltar una y otra vez al árbol en que él estaba posado, chillando desaforadamente. Los demás cuervos graznaban alarmados, desde las ramas altas, hasta que aquel clamoreo llenó los aires. Pero el cuervo negro callaba, porque sujetaba con fuerza en su pico un gran trozo de queso amarillo.
Cuando el astuto zorro comprendió, por fin, que no podría alcanzar el queso del cuervo, trató de obtenerlo de algún otro modo.
-¡Mi querido, mi queridísimo cuervo! -le dijo suavemente-. ¡Oh beldad del bosque! ¡Tu fuerza es mayor que la del águila de anchas alas, tu vuelo tiene más gracia que el de la golondrina, tu reluciente plumaje negro brilla más que el del pavo real! ¡ Lástima que, aunque tienes todos esos dones, la naturaleza se haya negado a darte una voz!
Los negros ojos del cuervo habían centelleado de alegría ante la adulación del zorro, pero sus últimas palabras lo irritaron. ¿Qué quería decir al afirmar que no tenía voz?
-Quizá esto último sea falso -dijo el zorro en tono amistoso-. Puede ser que el envidioso ruiseñor haya difundido esa mentira para desterrar del bosque la única voz que puede superar a la suya en belleza. Ojalá quisieras cantar, aunque sólo fuese unas pocas notas, hermoso cuervo, que me permitieran oir la música de tu canción.
E hizo chasquear sus labios, como un anticipo del deleite que iba a sentir.
La exhortación del taimado zorro resultó demasiado fuerte para la vanidad del cuervo.
Graznó sonoramente, el trozo de queso se le cayó del pico, y el zorro lo atrapó y se fue con él.
-Si tu sentido común hubiese sido la mitad de grande que tu vanidad, tendrías aún tu queso -dijo el viejo cuervo negro que encabezaba la bandada.
Y graznó, disgustado, levantando el vuelo.



         EL ZORRO Y EL CUERVO







ESPERO QUE LAS DISFRUTEN.

No hay comentarios:

Publicar un comentario